Francisco Egea
Francisco Egea Cáceres, conocido cariñosamente como “Paquito”, ha vivido una vida digna de un guión cinematográfico. Nacido en el popular barrio madrileño de Carabanchel en 1965, ascendió desde sus humildes orígenes hasta convertirse en un atleta de talla mundial. Sin embargo, su mayor lucha no fue en el tatami; fue una batalla por su vida y una misión posterior para proteger a los demás.
De Bruce Lee a los podios mundiales
Como muchos niños de los años 70, Francisco se enamoró de las artes marciales a través de las películas de Bruce Lee. A los 10 años, se apuntó al gimnasio“Kushiro“. A diferencia de las instalaciones modernas, éste era un dojo sencillo que exigía disciplina. Curiosamente, las estrictas normas filtraron rápidamente a los alborotadores que no podían soportar la estructura.
Francisco prosperó en este entorno. Obtuvo el cinturón negro cuando cumplió 16 años. Su carrera competitiva se disparó, llevándole a la victoria por equipos europeos en Londres en 1982. Más tarde, logró un hito histórico al convertirse en Subcampeón del Mundo en El Cairo en 1988. Más allá del deporte, llegó a protagonizar la primera película española sobre artes marciales y apareció en famosos programas de televisión de los 90 como El juego de la oca.
Superar la muerte y la depresión
A pesar de su fama, la tragedia se cebó con Griñón. Un devastador accidente de coche dejó a Francisco en la UCI durante 30 días con parálisis facial. Las secuelas fueron brutales. Cayó en una espiral de depresión y adicción. Sin embargo, un verdadero luchador nunca se rinde.
Tras buscar ayuda profesional y rehabilitación, Francisco volvió a entrenar. En un regreso milagroso, ganó el Campeonato del Mundo de 2016 en México en la categoría de mayores de 30 años. Esta victoria reavivó su espíritu y le dio un nuevo propósito.
Capacitar a las mujeres y ayudar a los niños
Hoy, Francisco utiliza sus habilidades para el bien social. Tras convertirse en experto universitario en violencia de género, empezó a impartir seminarios de defensa personal. Viaja a universidades y ayuntamientos, dotando a las mujeres de habilidades prácticas para protegerse.
Además, organiza actos benéficos anuales en el Hospital Niño Jesús, llevando regalos y alegría a los niños que luchan contra el cáncer. Francisco Egea ya no es sólo un campeón de kárate; es un héroe para los que más lo necesitan.