Íñigo Zuleta Martínez
La región de Coquimbo, en Chile, acaba de coronar a un nuevo héroe deportivo. Con solo diecinueve años, Íñigo Zuleta Martínez se llevó el primer puesto en la categoría de kumite de peso pesado para principiantes en el XIII Campeonato Nacional de Kárate. En representación del Hekireki Dojo de La Serena, su reciente victoria demuestra que la garra de la vieja escuela sigue dando sus frutos.
El intenso mundo del Kyokushin
Si estás acostumbrado a ver el kárate olímpico, el Kyokushin es algo totalmente distinto. En lugar de dar toques para sumar puntos, es un deporte de contacto total en el que los luchadores buscan realmente el nocaut. Carlos Pizarro, el instructor de Íñigo —o senpai—, no tarda en señalar el cambio mental que se requiere. Es agotador. No solo estás entrenando; estás llevando tu cuerpo hasta sus límites absolutos, recibiendo golpes y siguiendo adelante. Se necesita una fortaleza especial para triunfar en ese tatami.
La disciplina detrás de la victoria
No se gana un título nacional por casualidad. En los días previos al torneo de Mulchén, Íñigo estaba en el gimnasio seis días a la semana. Pizarro atribuye el éxito de su alumno más a su discreta dedicación que al talento puro. Íñigo no es de los que llaman la atención. Acude a los entrenamientos, escucha y se esfuerza al máximo sin quejarse. Ese nivel de humildad y obediencia es poco común, y es precisamente lo que le dio la ventaja cuando por fin llegó el día del torneo. Confió en su preparación y simplemente dejó que su cuerpo hiciera lo que había practicado.
Un legado en crecimiento en La Serena
Esta primera medalla de oro lo es todo para el Hekireki Dojo. La academia abrió sus puertas en Las Compañías el pasado mes de febrero y ya cuenta con más de trece alumnos muy comprometidos. Para Pizarro, esta victoria refleja a la perfección el espíritu guerrero que quieren transmitir. Aunque Íñigo se va a tomar un merecido descanso durante lo que queda de 2026, el dúo ya tiene la mirada puesta en hasta siete competiciones para el año que viene. Pero, al fin y al cabo, el dojo no se trata solo de acumular trofeos. Se trata de forjar el carácter. No todos los alumnos llegarán a llevar el cinturón negro, pero cualquiera que pise el tatami se va sintiéndose un poco más fuerte por dentro.